La nueva geografía del consumo juvenil
La Generación Z no es solo un grupo demográfico; es un mercado con dinámica propia. Nacidos entre 1997 y 2012, estos usuarios disponen de un poder adquisitivo directo —más de 140.000 millones de dólares al año, aproximadamente €130.000 millones— y, además, ejercen una influencia decisiva sobre el gasto familiar. Esto significa que las empresas capaces de capturar su atención tienen en juego no solo compras inmediatas, sino la posibilidad de fidelizar consumidores a largo plazo.
Vayamos a los hechos: plataformas como Roblox (RBLX), Instagram/Meta (META) y Pinterest (PINS) ya funcionan como ecosistemas. No son meras aplicaciones; son espacios donde se crea, se socializa y se compra. Roblox es un universo de experiencias generadas por usuarios con economías virtuales propias; Meta integra vídeo corto y funciones de comercio social dentro de sus feeds; Pinterest conecta descubrimiento visual con productos comprables en la fase de consideración. El denominador común es la monetización del tiempo y la atención, mediante publicidad, compras integradas y comisiones por transacciones.
¿Por qué importa esto para un inversor? Porque el social commerce y la fusión entre entretenimiento y compra elevan la propensión de compra del usuario. Cuando el contenido inspira y la plataforma facilita la transacción en el mismo flujo, la conversión sube y la publicidad se vuelve más efectiva. Además, la economía del creador crea efectos de red: los usuarios atraen a creadores, los creadores atraen a marcas, y las marcas pagan por permanecer donde está la atención.