Riesgos que no conviene subestimar
Sin embargo, la estrategia brasileña descansa en supuestos que contienen riesgo. Primero, los mercados de materias primas son cíclicos. El precio del litio ha mostrado extrema volatilidad en los últimos años. Esto puede erosionar márgenes y revaloraciones de empresas productoras o proyectos en desarrollo.
Segundo, existen riesgos tecnológicos concretos. La investigación en baterías avanza rápido: tecnologías como sodio-ion o baterías en estado sólido podrían, a medio o largo plazo, reducir la dependencia del litio. ¿Qué ocurre si aparece una alternativa competitiva antes de que Brasil haya escalado su cadena de valor? La respuesta obliga a prudencia.
Tercero, la competencia internacional es intensa. China, Europa y Australia concentran capacidad tecnológica, capital y cadenas ya integradas. Brasil compite con ventajas como costos laborales y mercado regional, pero también con desventajas en financiación y estabilidad regulatoria.
Finalmente, la regulación ambiental y minera en Brasil añade incertidumbre. Cambios en normativas, prioridades políticas o condiciones para la concesión de proyectos pueden alterar la viabilidad de inversiones a largo plazo. A esto se suman riesgos operativos típicos: logística, acceso al agua y la energía necesarios para el procesamiento de minerales y riesgo cambiario del real brasileño.