Qué propone la tarifa y quién gana
Una propuesta de arancel del 50% sobre vehículos fabricados en Canadá y vendidos en EE. UU. ha sacudido las hojas de cálculo del sector. Vayamos a los hechos: el gravamen, de aprobarse tal como se ha planteado, se aplicaría sobre el coste «landed» del vehículo importado, es decir, el precio con transporte y aranceles ya incluido. Esto significa que el precio final para el concesionario o el importador podría aumentar de forma significativa, con efectos en márgenes y demanda.
La dinámica es simple en teoría y más compleja en la práctica. En términos relativos, fabricantes con la mayor parte de su producción norteamericana localizada dentro de EE. UU., como General Motors (GM) y Ford (F), se colocarían en una posición competitiva ventajosa frente a aquellos que dependen de plantas canadienses, entre ellos Toyota (TM) y Honda (HMC). ¿Por qué? Porque un arancel del 50% incrementaría aproximadamente al doble el coste de entrada de vehículos ensamblados en Canadá vendidos en el mercado estadounidense, y eso altera de inmediato la ecuación precio-calidad para muchos consumidores.