Por qué importan ahora
Tres tendencias empujan la demanda: la llegada de ETFs spot, la entrada masiva de capital institucional (fondos de pensiones, compañías de seguros, fondos soberanos) y la expansión más allá de las criptomonedas hacia activos del mundo real, como inmuebles, arte, materias primas y capital privado. Los custodios no solo almacenan activos; generan ingresos recurrentes por comisiones de custodia, servicios de staking, y soluciones de integración, y se benefician de efectos de red: cuanto mayor es la base de clientes y las integraciones, más difícil resulta desbancarlos.
En el mercado conviven perfiles distintos. Por un lado, custodios cripto-nativos como Coinbase exhiben experiencia técnica, con prácticas como almacenamiento mayoritario en frío y seguridad multi-firma; Coinbase declara más de 130.000 millones de dólares en activos bajo custodia. Por otro lado, instituciones centenarias como BNY Mellon o State Street aportan confianza regulatoria y relaciones con clientes institucionales, y ya han creado divisiones digitales para competir en esta nueva infraestructura.
La pregunta que surge es sencilla: ¿quién ganará la confianza de los grandes flujos? La respuesta probablemente no será única. Los grandes bancos ofrecen cumplimiento y alcance; los nativos cripto ofrecen agilidad tecnológica. La convergencia, mediante alianzas o soluciones híbridas, parece el escenario más plausible.