Reajuste del mercado de chips: más allá de la retirada de Intel
La decisión de Intel de recortar alrededor del 15% de su plantilla y paralizar proyectos de nuevas fábricas en Europa no es un hecho aislado; es un punto de inflexión que está reconfigurando la oferta global de semiconductores. Vayamos a los hechos: menos capacidad propia de Intel abre un hueco industrial. Ese hueco no permanecerá vacío por mucho tiempo.
Esto significa que foundries independientes —empresas que fabrican chips por contrato— como Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) están en posición de capturar la demanda desplazada. ¿Qué es una foundry? Es el fabricante por contrato que produce los diseños de terceros. Por el contrario, las empresas fabless se dedican al diseño y externalizan la producción. La tendencia hacia modelos fabless ya venía acelerándose; la retirada parcial de Intel la empuja todavía más.
TSMC (ticker: TSM) tiene escala, tecnología y cartera de clientes para aumentar su cuota. Su capacidad para absorber pedidos procedentes de diseñadores que buscan sustituir capacidad perdida podría traducirse en mayores ingresos y pedidos de expansión. Al mismo tiempo, los suministradores de equipamiento —por ejemplo ASML (litografía, incluyendo EUV, que es la técnica avanzada para fabricar nodos de vanguardia) y Lam Research (grabado y deposición)— se benefician en cascada: más capacidad en las foundries implica más pedidos de maquinaria y servicios.
¿Dónde está la oportunidad para el inversor? En la cadena de valor. No se trata de apostar por un único ganador. Invertir solo en TSMC o en un proveedor de equipo es tácticamente tentador, pero arriesgado. Una cesta equilibrada que incluya foundries, fabricantes de equipo y proveedores de servicios relacionados mitiga riesgo específico de empresa y exposición a la ciclicidad del sector.
La pregunta que surge es: ¿qué riesgos pagan el precio de esa oportunidad? Primero, la naturaleza cíclica de la industria de semiconductores. Exceso de oferta hoy puede virar a escasez mañana y viceversa, con impacto directo en márgenes y valoraciones. Segundo, la retirada de Intel podría ser temporal; la compañía podría revertir su estrategia si cambian las condiciones del mercado o la política industrial. Tercero, las tensiones geopolíticas —entre EE. UU. y China, o la dependencia concentrada en Taiwán— añaden riesgo sistémico. Finalmente, la rápida obsolescencia tecnológica implica que inversiones en nodos equivocados pueden quedar desfasadas.
Hay también factores que impulsan crecimiento estructural: la demanda de semiconductores por aplicaciones de IA, automoción (vehículos eléctricos y sistemas avanzados de asistencia) e infraestructuras de energías renovables seguirá tirando de la necesidad de capacidad. Para mercados en España y América Latina, la electrificación del parque automovilístico y la expansión de renovables sugieren demanda local adicional, aunque la mayor parte de la producción siga concentrada en Asia.
Desde una perspectiva práctica: diversificación y selectividad. Para inversores con tolerancia moderada-alta al riesgo, una exposición diversificada a la cadena (foundries como TSMC, proveedores de litografía como ASML, y empresas de equipo como Lam Research) combina crecimiento cíclico con mitigación de riesgos específicos. No es una recomendación personalizada; es una aproximación estratégica.
El inversor debe recordar que toda estrategia en este sector conlleva riesgo. Ninguna inversión garantiza rentabilidad y los ciclos, la política industrial y la tecnología pueden cambiar el panorama con rapidez. Si desea una lectura más detallada y un seguimiento del reajuste, consulte el dossier Reajuste del mercado de chips: más allá de la retirada de Intel.
En resumen: la retirada parcial de Intel crea una ventana de oportunidad para foundries y proveedores de equipo, pero exige prudencia. Diversificar a lo largo del ecosistema es, probablemente, la alternativa más razonable frente a la tentación de apostar por un único ganador.